El Doctor que se enamoró de su paciente y luego vivió con su cadáver.

Algunas personas tienen dificultades para dejar ir a sus seres queridos, este médico puede haber tenido más dificultades.

En 1931, el Dr. Carl Tanzler se enamoró de una paciente que estaba tratando por padecer de tuberculosis. Este amor hizo que intentara mantener viva a su paciente a toda costa. Sin embargo, al fallecer, esto lo llevó a retirar su cadáver de la tumba en que se encontraba para tenerlo consigo, sujeto con perchas, cera y seda.

Nacido en Dresde, Alemania, en 1877, Tanzler estudió los patrones climáticos en Austria en 1910, permaneciendo allí hasta el final de la Primera Guerra Mundial.

Al regresar a casa, Tanzler se casó, tuvo dos hijos en 1920 y emigraron a Zephyrhills, Florida. Tanzler abandonó muy pronto a sus pequeños, ya que decidió aceptar un puesto como técnico radiológico en Key West. Allí trabajó en el Hospital de los Marines de Estados Unidos, bajo el nombre de Carl von Cosel.

Cuando una mujer cubana llamada María Elena Milagro de Hoyos entró en el hospital, el médico vio ante él su sueño real hecho realidad.

Hoyos nació en Key West en 1909, hija de un fabricante de cigarros, criada en una familia numerosa y ama de casa; fue llevada al hospital por su madre después de enfermarse.

Como cualquier muchacho joven en Alemania, Tanzler a menudo soñaba con encontrar una mujer asombrosa, de pelo oscuro, su verdadero amor. La belleza de 22 años se parecía tanto a sus fantasías infantiles que inmediatamente se convenció de que su amor estaba destinado a ser real.

Desafortunadamente para ambos, el pronóstico de Tanzler para la joven Hoyos no fue nada bueno, después de diagnosticarla con tuberculosis, que todavía se consideraba una enfermedad mortal a principios del siglo XX. A pesar de la falta de cualificación necesaria para tratar a un paciente con tuberculosis, Tanzler estaba determinado a salvar a Hoyos y utilizó una variedad de tónicos, elixires y medicamentos especialmente fabricados en un esfuerzo por hacerlo. Tanzler administró estos tratamientos en la casa familiar de Hoyos pero al mismo tiempo declarando su amor y entregándole regalos, todo el tiempo.

A pesar de sus mejores esfuerzos, Hoyos sucumbió a su enfermedad en octubre de 1931, dejando a su familia y a su recién obsesionado cuidador,  con el corazón destrozado. Tanzler insistió en la compra de un costoso mausoleo de piedra en el cementerio de Key West para que sus restos permanecieran en libertad, y con el permiso de sus padres, contrató a un funerario para preparar su cuerpo antes de encerrarla en su interior.
La familia de Hoyos no se percató de que la única llave de la tumba permanecería en manos de Tanzler, quien se aprovecharía rápidamente de este privilegio, para terminar siendo uno de los cuentos más macabros de todos los tiempos.

Tanzler visitó la tumba de Hoyos cada noche, por casi dos años, un hábito que se detuvo de pronto, luego de que perdiera su trabajo por razones desconocidas. Mientras que la familia de Hoyos consideraba bastante extraño este cambio drástico en su comportamiento, no podrían haber imaginado los motivos que lo ocasionaban.

En abril de 1933, Tanzler retiró el cuerpo de Hoyos del mausoleo. Ya no requería hacer sus visitas nocturnas al cementerio, de ahora en adelante sería alojada en su propia casa.

Luego de que Hoyos ya tenía dos años de fallecida, Tanzler asumió la tarea de mantener su cadáver en las mejores condiciones. La única manera que consiguió de hacerlo fue dentro de un viejo avión que había logrado colocar dentro de un laboratorio médico improvisado.

Allí, estudió una serie de trucos, que podría hacer él mismo, para mantener intacto el cuerpo decadente de la joven, empleando yeso de París y ojos de cristal para mantener la integridad de su rostro y perchas y algunos cables para estabilizar su marco esquelético.

Él tenía su torso relleno de trapos en un intento de preservar la forma original de su cuerpo, y le cubría el cuero cabelludo con pedazos de pelo real. Tanzler colocaba grandes cantidades de perfumes, flores, desinfectantes y conservantes para mantener controlado el olor de la descomposición. Adicionalmente aplicaba rutinariamente en la cara de Hoyos, la cera del mortificador, todo por el esfuerzo de mantenerla “viva”.

Tanzler tenía el cadáver envuelto en un vestido, guantes y joyas, e incluso llegó a colocar el cuerpo en su propia cama, donde compartió con el cadáver durante los siguientes siete años.

Un día  un chico dijo ser testigo, desde la parte superior de un local, de un baile que sostenía el doctor con lo que parecía ser una muñeca gigante. Adicionalmente, con casi toda la ciudad hablando del hombre solitario, a quien a menudo veían comprando ropa de mujer y perfumes, la familia de Hoyos comenzó a sospechar que algo no estaba bien.

Después de que la hermana de Hoyos se apareciera en la casa de Tanzler en 1940, el show habría acabado. Allí encontró lo que ella creía que era una efigie de tamaño real de su difunta hermana. Las autoridades llegaron rápidamente y determinaron que esta “muñeca” era, de hecho, la propia Hoyos, y arrestaron a Tanzler por robar tumbas.

Una autopsia del cuerpo reveló las complejidades del trabajo del maquiavélico doctor, que incluía un tubo de papel insertado entre sus piernas, formando una vagina improvisada, aunque Tanzler nunca admitió haber cometido ningún acto necrófilo.

Una evaluación psiquiátrica determinó que Tanzler era competente para ser juzgado, aunque algunos informes afirman que sus planes finales implicaban hacer volar a Hoyos, “alto, en la estratosfera para que la radiación del espacio exterior pudiera penetrar sus tejidos y restaurar la vida a su forma somnolienta”.

A pesar de todo, el estatuto de limitaciones había expirado por el crimen que se le acusaba de cometer, dejando a Tanzler libre.

El cuerpo de Hoyos fue puesto en exhibición en una funeraria local, donde casi 7.000 personas vinieron a ver el cuerpo corrompido por sí mismos. Su cuerpo finalmente fue puesto a descansar, de una vez por todas, en una tumba sin identificar en el cementerio de Key West.

Carl Tanzler realmente recibió un poco de compasión durante su juicio. Algunos incluso llegaron a  verlo como un desesperado, aunque excéntrico, romántico. Sin embargo, pasó a vivir el resto de sus días solo y murió en su casa en 1952, donde fue descubierto tres semanas después de su fallecimiento.

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